30 años de atrevimiento.
Treinta años, realmente no se cuentan.
Se sienten.
En la suavidad de un tejido que conocemos de memoria.
En un vestido que ha visto pasar veranos, cuerpos que cambian, vidas que se inventan.
En ese placer intacto de vestirse para uno mismo, no para cumplir con un requisito.
Desde 1996, la fée maraboutée sigue su instinto.
Busca, combina, se atreve con los contrastes.
Prefiere el estilo a las modas, la sensación al mandato, la libertad al uniforme.
30 años, es una generación que guiña un ojo.
Una madre que reconoce un corte.
Una hija que adopta una actitud.
La misma sonrisa frente al espejo, en distintos momentos de la vida.
Nada ha cambiado, y todo ha evolucionado.
Las texturas han mantenido su verdad. Los colores su calidez.
Las prendas su manera muy personal de atravesar el tiempo sin pedir disculpas.
Hoy celebramos sin nostalgia.
Con el deseo intacto de hacer vibrar el futuro.
De seguir vistiendo los cuerpos con respeto, curiosidad y alegría.
De permanecer fieles a lo que nos une desde el primer día: el placer de sentirse bien.
Libre. Viva.
Gracias por estar aquí, desde hace mucho o desde ayer.
El siguiente capítulo se escribe con ustedes.
Y promete ser todo menos prudente.
La fée maraboutée.



